Quinto en quinteto


Foto por Simón Calle

 

 

Por Adriana Carrillo

Al parecer esta Tierra de Nadie sí tiene dueño, y se trata del pianista y compositor Ricardo Gallo. Llegó desde Bogotá a Nueva York, esta vez en calidad de visitante, para lanzar The Great Fine Line, álbum que grabó junto a una nomina notable y que es ya el quinto como compositor titular. La cita fue en el Joe’s Pub, un lugar amplio como muy pocos en la ciudad y con un público felizmente numeroso. Muchos de ellos atraídos, ahora sí, por Ray Anderson, Pheeroan ackLaff, Mark Helias, figuras legendarias dentro del quinteto. El suceso está lleno de significados que remarcar y celebrar. Lo que vimos esa noche fue el resultado de un trabajo conjunto, de un proceso, y hay que destacar que Gallo no solo logró seducir a estos cuatro músicos con sus composiciones, sino además, que hayan permanecido allí, creciendo como grupo; lo cual es, por el contexto y el momento, un lujo.

De Tierra de Nadie hay que decir, además de la propuesta evidentemente volcada a lo experimental y llena de libertades, que sobrevive bajo una atmósfera de complicidad. Aún con la marcada tendencia al caos logra sentirse el perfecto balance entre la incertidumbre y una esencia que permanece. Una de las piezas que mejor lo ejemplifica es “Three Versions of a Lie”, donde el trombón (en el disco) introduce el tema de una manera anárquica, con humor, que finalmente nos da un puente, un fraseo que se expande y sostiene toda la pieza. Finalmente, en medio de toda la disonancia la batería inconfundible de Satoshi Takeishi nos hace un guiño a varios ritmos colombianos, cerrando los últimos segundos con la cadencia de una cumbia.

 

 

Portada de The grat fine line  editado recientemente por el sello portugués Clean Feed

 

Dentro del quinteto se respiró la sensación de respeto y la admiración que se tienen entre ellos como músicos. A razón, también, de su sonido casi orquestal. Sin importar toda su trayectoria y todo lo que ha visto, a Ray se le vio disfrutar cada uno de los solos de Gallo, los cierres, las ideas, que aquí, particularmente, contribuyeron a dar rienda suelta a un pianismo arriesgado y en permanente sugerencia. Y para destacar, está también la participación de Dan Blake, que le añade a la música un color y unas texturas únicas. Uno puede imaginarlo, fácilmente, en los contextos de algunas bandas de jazz colombianas como Asdrúbal o incluso, en un quinteto como el de Juan Manuel Toro, pero a la vez sin referencias específicas de algún punto de origen, es decir, sin ataduras. No podría dejar de destacar los solos de Mark Helias. Cada una de sus notas parecía contenerlo todo: muy claras, enmarcadas en estructuras simplemente geniales. Formas que, sencillamente, hicieron la noche.

 

 

Foto por Eliseo Cardona

 

Cerraron con la pieza que da nombre al álbum y que Gallo introdujo como “el himno del quinteto”, sin duda, un tema pensado para llevarse la melodía enredada en la cabeza. Stomp at No Man’s Land” hizo al público celebrar cada solo. Una despedida que dejó un muy buen sabor y ganas de más. La certeza, también, de que Ricardo Gallo es un compositor amplio y diverso, que se mueve a gusto entre las tenues fronteras de una tierra de nadie.

Especial para jazzcolombia.com

 

Gracias a la cortesía de nuestro querido amigo Simón Calle, usted podrá ver a continuación un largo fragmento del lanzamiento del disco lanzado el 11 de noviembre de 2010 en el Joe´s Pub de Nueva York.



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