Consideraciones de un apasionado por el jazz

 

El jazz se mueve en un lenguaje que casi es literario: es telúrico y logra conmover y describir las profundas raíces de las cosas; propone aventura, riesgo y movimiento y como una crónica de época, es capaz de pintar en abstracto los colores de la vida.

El universo de este género musical llegó a una etapa de gran madurez alrededor del mundo y durante los últimos diez años aproximadamente se asiste a una interesante simbiosis de lo que se produce en regiones remotas y que resulta posible juntar con un lenguaje que hace tiempo tiene carácter universal.

El fenómeno puede denominarse ‘jazz de periferia’ aunque esos rótulos siempre sean aparatosos y redundantes; para el caso, representa un ejercicio nominal de cómo ‘ragas’ y hard-bop suenan muy bien –como un ejemplo- o cuartos de tonos árabes o turcos encajan bien en ritmos sincopados u otras atmósferas propias del jazz moderno.

Las figuras de músicos israelíes como el contrabajista Avishai Cohen, de origen latinoamericano como Esperanza Spalding y Antonio Sánchez o españoles como Miguel Ángel Chastang están renovando el sonido original del jazz para proponerlo como una música rica en contrastes, incluyente y hasta familiar, de tal modo que se ha acercado paulatinamente a muchas más esferas y núcleos sociales como quizá no se imaginó en el pasado remoto del género.

Así las cosas, también el jazz como le conocimos tiene al menos un gran riesgo  y es el de caer en la trampa sicasténica de ‘Alicia en el País de las Maravillas’ cuando ha desbordado sus fronteras o también en ese otro concepto posmoderno que corresponde a la fragmentación, en este caso de su sentido y su dinámica originales.

Estos últimos conceptos se relacionan pues con la pérdida de sus linderos  y a la vez con lo insular que pueda volverse de modo tal que ‘casi cualquier cosa’ pueda ingresar en la categoría de jazz como género.

Se aprecia el ejercicio de inclusión y de reparación y se debe resaltar que la estridencia sea una onomatopeya del dolor (como en un principio los ‘glissando’ o ‘slide’ en las guitarras del blues) y que salir del canon de la afinación de concierto sea también un acto simbólico que compromete al género con su fina esencia original de resistencia y rebeldía.

 

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