De la tragedia en el jazz I

 

Se cuenta que Louis Armstrong fue antes que un trompetista y cantante de excelentes condiciones, un peligroso proxeneta en el ‘Distrito de las luces rojas’ en Storyville, la localidad vedada para los más conservadores en el período de pre-guerra en Nueva Orleans. Y de lo trágico y extraño, que también su madre había ejercido ése ejercicio tan viejo como el de distorsionar la realidad.

Años más tarde, Billie Holiday una de las más grandes divas del canto jazz de todos los tiempos, hubo también de hundirse en oscuros lupanares so pretexto de escuchar al negro más grande del mundo sumergido del jazz sonando en las radios instaladas en esos miserables aposentos: el propio ‘Satchmo’ de encendida voz como un cerillo en mitad de la tormenta.

Posiblemente una de las peores tragedias haya sido la del demonio de las drogas azotando la piel de los más queridos jazzistas del período moderno, amén de Parker (quien siempre combatió a los recién iniciados en el consumo de heroína, tratando de convencerlos de no seguir ése camino) y luego Miles, Chet Baker, Red Rodney y aunque Coltrane supo de esos parajes de artificio, pronto abandonó su consumo para elevarse en el mundo espiritual y no en el paliativo que proveen los sucedáneos.

La tragedia de Parker quizá consiste en haber conocido algo de fama y de fortuna y al mismo tiempo el drama del abandono, de la desidia y lo peor, el duelo por una generación de músicos e incluso de aficionados que se hundió– indolente – en el consumo de alucinógenos tratando de perseguir el sueño de ser tan bueno como el gran altista del jazz moderno.

Chet Baker se arrojó por una ventana en la iracunda necesidad del ‘colérico pinchazo’; Miles Davis narra en su autobiografía las docenas de veces en las que le atacó ‘el mono’ (que es como se describe la sintomatología propia de la abstinencia del drogadicto) y de cómo en la ansiedad de estimularse con cocaína, llego a robar a Clark Terry en su propio apartamento, no obstante haber sido este colega su mentor y el protector que le había dado albergue en lo peor de su carrera como ‘junkie’.

A Billie Holiday le apresaron en su lecho de muerte; mientras la esposaban ante la mirada atónita de sus amigos. La policía de narcóticos alegó posesión de drogas. Parte de tragedia y noticia del alumbramiento.

 

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