De lo oscuro en el jazz (primera entrega)

 

Antes de concluir esta nota (antes incluso de digitar las primeras palabras) pensando y repensando una posible ruta para discurrir en el trasunto, me doy cuenta de que el tema es gigantesco: la oscuridad en el jazz. De inmediato es recurrente remitirse al controvertido Miles Davis y a ese período suyo de cortinas cerradas y salidas a la interminable madrugada, ocultándose del día para conducir sus autos deportivos, al borde del hastío y escalando por un enorme – terrorífico – apodo del que difícilmente pudo librarse en adelante: The Prince of Darkness, frente al cual incluso palidecería cualquier estrella del rock pesado.

Miles ganó su sobrenombre en 1967 alrededor de una pieza bautizada como “Sorcerer” (‘Hechicero’) incluida en el álbum homónimo, en el cual también se incluye otra que justamente se denomina The Prince of Darkness.  A pesar del anuncio, un álbum como ese, e incluso otro posterior destacado y conocido como In a Silent Way, aún no dibuja al personaje sumergido que sería en el emblemático Bitches Brew.

En este innovador pero oscuro material, la música – como lo describe su biógrafo Ian Carr  “parece estar relacionada a ciertos elementos étnicos, hay un fuerte sentido de invocación, de búsqueda del estado de posesión, lo que está muy conectado con la sensación de concentración de las improvisaciones inspiradas”.

“El poder casi demoníaco de las improvisaciones del grupo” – agrega el biógrafo del trompetista – fueron generadas por algunos acontecimientos que tuvieron lugar en el estudio”. El productor del disco Bitches Brew fue Teo Macero con quien Davis intercambio palabras de grueso calibre a razón de la presencia de una secretaria en el estudio de grabación a quien Miles no soportaba y había pedido que fuera despedida, pero Macero se rehusó y por ello muy furiosos intercambiaron varios puñetazos y se continuaron insultando durante toda la sesión. Miles era un poseso y había sufrido como esclavo el rigor de la adicción a drogas y alcohol. Con una nueva sustancia, el artista pensaba que iba a estar mejor, sin reparar en que cada vez los contenidos eran mas fuertes.

 

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