El extraño caso Tzadik

 

No será nada nuevo decir acerca de cómo Miles Davis haría un quiebre sistémico en la música popular contemporánea con el desbordante Bitches Brew y en adelante con álbumes enigmáticos e inquietantes como Live-Evil, Dark Magus y Pangaea, sólo que todos ellos están envueltos en ese halo misterioso, ensombrecido, que inicia en las carátulas y se extiende por enrarecidas tesituras. Nada sorprendente pues, al fin y al cabo estos últimos se dieron luego de su encierro en su lujoso apartamento, casi paralítico a causa de la esclerosis  y consumido en los excesos.

En años recientes el influjo de Miles Davis sigue vigente. No hay ningún músico de jazz contemporáneo que pueda negar esa influencia poderosa, directa o no y es que los alcances de la obra de Miles incluso llega las atmósferas del chill out,  el drum n’ bass y aquello que parece contener un nuevo sentido de la composición y la interpretación denominado nu jazz, que para muchos simplemente es un atajo de la industria para llegar a los bolsillos de los aficionados.

Con John Zorn se habla del sonido punk jazz y también con Marc Ribot, una atractiva combinación de los elementos del jazz eléctrico de avanzada y el rock duro y psicodélico con visos del más recalcitrante punk de los ochenta y noventa, y que en el caso de los mencionados músicos, se explaya en una compulsiva mezcla atómica que encanta especialmente a los más jóvenes que en algunos casos crecieron más cercanos de los Sex Pistols y su Never Mind the bollocks que del Kind of Blue y nuestro querido Miles.

Si bien Miles exploró en secretas regiones de una oscura geografía, John Zorn es una especie de nuevo profeta de la opacidad que incluso se atreve con poesía de tono hermético y recurrencia a la iconografía propia de la tradición judía para ambientar su sello disquero Tzadik (del hebreo ‘riguroso’ o ‘justo’) desde donde orquesta esas publicaciones propias, mas las atmósferas extremas de jazzistas independientes que nadie mas prensaría.

Zorn procede en un ámbito de tono fatalista y ha llamado a uno de sus proyectos Masada que alude a la secta judía que se suicidó masivamente en su refugio al lado del Mar Muerto (desde donde se oteaba la antigua Jerusalem) en tiempos del desterrado rey Herodes. La macabra alusión y otras similares recorren una obra también aturdidora.

“Lunatic Fringe” (“Franja Lunática”) y “Oracles” (“Oráculos”) son enlaces en su página que conducen a las producciones discográficas de otros artistas con nombres como Ken Butler y su álbum Voices of Anxious Objects (“Las voces de Objetos Ansiosos”) que contiene temas como “Mechanical Magnetism” (“Magnetismo Mecánico”) o “Serving a Sigh – t” (con doble sentido de “Sirviendo un suspiro”o “Sirviendo una mirada”) que como se vea son confusos contenidos propios de una vanguardia aleatoria y marginal.

Sin dudar de la calidad musical del multi instrumentista John Zorn, su merchandise y su postura penetra en regiones multisensoriales y no son del todo claras sus propuestas discursiva e iconografía, tanto que logra confundir a los más entusiastas con esa serie de discos denominados “Book of Angels” en donde el canto es el de los ángeles desterrados (entre ellos “Asmodeus” y “Lucifer”), sin olvidar su tenebroso “Maleficia” (incluido en el álbum The Crucible) o el abominable Necronomicon (palabra innombrable, pagana y prohibida) .

En adelante lo que sigue, tiene que ver con la entrada de Chick Corea y su relación (aunque lejana) con la tenebrosamente mítica ‘Golden Dawn’ y su adscripción (esta sí cercana) con la denominada ‘cienciología’.

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