Reunión secreta y solitaria: Garuyas* en Bogotá


Por Rafael Serrano

Una de las bandas más legendarias del jazz local volvió a reunirse tras ocho años de ausencia en escenarios y lo hicieron en medio de un desolado aforo y luego de una tarde de tráfico imposible e imparable lluvia en Bogotá.

Garuyas sigue conteniendo el fuego, el furor, la destreza y el potente groove de sus mejores años cuando se les veía con alguna frecuencia en programaciones diversas como la del Festival Jazz al Parque que a mediados de la década de los noventa (justo en 1995) les vio por primera vez en su inusual formato de dos bajos eléctricos, saxofón y batería.

La agrupación tuvo dos diferentes presentaciones durante la segunda semana de marzo de 2011: una el lluvioso miércoles 9 en el ya tradicional local del bar La Tea y otra algo improvisada en la Sala de la Cultura de la Facultad de Música de la Universidad Pedagógica Nacional, el viernes11 con lleno total de un auditorio contemplado para casi un centenar de asistentes.

Paradójicamente el miércoles no asistieron más de diez personas, aunque la difusión fue amplia en medios culturales, pero el ambiente fue grato y la banda se comparó en tono humorístico con el concierto de los Beatles en la terraza de los estudios Abbey Road.

Se lamentaba el asunto y de alguna manera era una gran pérdida para los aficionados al jazz que quizá no vuelvan nunca mas a tener la oportunidad y el gusto de ver la agrupación reunida nuevamente. Por lo menos no con sus integrantes originales que son íconos y figuras representativas del jazz bogotano de esa segunda mitad de la década en mención: la apasionante y muy movida temporada de los noventa.

Gruyas había surgido del semillero de jazzistas criados bajo la tutela de los maestros Efraín Zagarra y Mauricio Jaramillo y con el hallazgo de los discos de Steve Coleman comulgarían en el credo estético de la M-Base Collective que por supuesto era una rareza en ese tiempo y que hoy día no deja de ser inquietante.

La banda deja sin aire a cualquiera que por primera vez se acerque a oír el repertorio que contiene divertidos y a la vez sugerentes títulos como “El Guachimán”, “Pailas” o “Pa’que descanse el motor” que se refieren a los asuntos más urbanos y anodinos que hasta ese momento nadie se había a atrevido a presentar como contenido refrescante y distinto de las demás propuestas coetáneas.

La pieza “Pa´ que descanse el motor” tiene el hipnotizante y complejo elemento de una muy groovy  línea de bajo eléctrico que se mantiene en ostinato durante los compases iniciales y a la que se van sumando los otros instrumentos; esta posiblemente sea la abstracción de lo que Ricardo Barrera Tacha, su compositor e intérprete, tomó de una tarde “en las colinas de la Calera” cuando explicó a sus compañeros de banda que había dejado su jeep con el freno de mano y sin engrane (en neutro) simplemente para que descansase el motor…a expensa y riesgo de que se rodara el auto por la empinada montaña.

Poco más o menos Garuyas se percibe de ese mismo modo: graciosa, original, vertiginosa y llena de asombro y sensibilidad para tocar fibras de emoción. Los talentos reunidos allí son el baterista José Madero a quien vimos en capítulos del programa de televisión “Jazz Studio”; el saxofonista William Rojas quien también estuvo en la formación de la agrupación Morfonia; el bajista Edilson Sánchez, talentoso instrumentista y compositor radicado en Polonia durante los últimos años  -gracias a su visita la banda se reunió de nuevo-. Completando el cuarteto el también destacado y muy diestro bajista Ricardo Barrera Tacha.

Durante la fría y poco concurrida noche del miércoles 9 de marzo de 2011 se habló de volver a grabar las composiciones propias del repertorio de Garuyas (un buen disco se había hecho hacia 2000, pero los músicos están considerando mejorar aspectos de la calidad de las interpretaciones) y es así que quizá podamos ver y oír durante 2011, un disco de este legendario cuarteto, aprovechando la breve visita de Edi Sánchez a la ciudad y proyectando buscar un posible remplazo para él entre los bajistas bogotanos de generaciones más recientes.

 

*Garuya es el nombre de una galleta tradicional que todavía venden en las panaderías bogotanas. En los noventa, se utilizó como sustantivo para calificar, de manera pintoresca, a una persona de mala reputación, burda en sus actos y, tal vez, un tanto facinerosa.


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