La secreta soledad del inédito jurado en Jazz al Parque 2012 

 

 La primera impresión al salir detrás del escenario y dirigirnos a la gradería, fue la de caminar hacia un trono de privilegio pero a la vez de doble riesgo. Dos de los integrantes del jurado escogido por el Instituto para las Artes para incluir ocho plazas en la nueva versión del Festival de Jazz al Parque 2012 en Bogotá, íbamos un frío lunes de mañana caminando hacia ese grupo de tres sillas solitarias en mitad del auditorio al aire libre (luego nos trajeron una carpa para cubrirnos del sol y de la lluvia) y la sensación entre emoción y vértigo era como la de quien sabe que sobre si pesa una responsabilidad enorme. En breve comenzó puntual ese buen festín para los sentidos que son las audiciones de los aspirantes a participar en este renombrado encuentro musical.

Hay algo en este ejercicio de ser jurado que es más bien inusual y a veces poco grato y es que no siempre los resultados satisfacen a los implicados (que por cierto se exponen y son escrutados en lo mínimo, en lo superficial y en lo esencial) pues además nunca es del todo cómodo para ninguna de las partes observar y ser observado. La elección de estos jurados implica total idoneidad y es por ello que para el caso preciso se invitan (también por convocatoria) a tres representantes de la comunidad jazzística, destacados, reconocidos y de calidad en su labor, representativos dos de ellos de la escena musical y uno más de los medios de comunicación especializados.

Los criterios se establecen desde el comienzo del evento denominado ‘eliminatorias’ y aunque se puede discrepar o disentir, la manera como el proceso se lleva es serio y riguroso. No hay cabida para privilegiar a uno o a otro y se lleva de la mejor manera, para privilegiar la transparencia.   

 

Varios fueron los acuerdos que tuvimos los jurados este año y entre ello, de cómo sería un verdadero goce, poder ver y escuchar en exclusiva a más de 30 agrupaciones locales de jazz procedentes de diversos géneros y experiencias múltiples.

Sorprendió la gran calidad de todas ellas y especialmente la óptima propuesta de instrumentistas muy jóvenes que no son conocidos aún en la escena pero que dicen llevar años tocando juntos. El tema de los formatos y la inclusión de algunos instrumentos poco recurrentes en el género resultó del todo un buen síntoma y es así como este año el Festival Jazz al Parque viene con ‘marimba de chonta’, ‘darbouka’, ‘tabla india’ y ‘cajón peruano’, además de una buena cuota de otros sonidos acústicos (guitarras, pianos y contrabajos principalmente) y un poco menos la presencia eléctrica de otros años, sin desconocer su relevancia.

El jurado de Jazz al Parque 2012 debió acoger algunos criterios mínimos que la organización propone y sobre ellos diseñar algunos propios que fueran equilibrados y justos, considerando como punto de partida que acaso el Festival sea un discurso para generar bienestar entre la ciudadanía, generar ambientes de inclusión y generación de públicos o fortalecer los que vienen en crecimiento.

Para fortuna de todos los implicados en este festival, las agrupaciones trajeron materiales inéditos y repertorios en un alto porcentaje originales. Eventualmente se pidió a las agrupaciones que tocaran alguna de las obras conocidas del repertorio ‘standard’ pero no fue ese el criterio fundamental, sino al contrario, se requirió que escogieran una de las composiciones propias que mejor representara su estilo y su búsqueda, siendo acaso la pieza más sólida y además emblemática del conjunto.

 

***

 

 

Las agrupaciones que infortunadamente no clasificaron en esta ocasión, demostraron una muy buena calidad musical y se fueron con puntajes que lo corroboran.   Se dice que es una función ingrata y hasta infame, esta de ser jurado; pero no hay tal. Tiene varios riesgos incontrovertibles: el de equivocarse, el de ser parcial, pero principalmente, el de obligar una propia continuación de los gustos personales, los criterios íntimos, aquello que le parece a uno o a otro lo que ‘debe ser’.

De parte de quien firma esta nota, resultó un absoluto privilegio y un motivo de alegría reconocer y corroborar el gran talento musical que hay en la ciudad, lo cual le augura una larga vida a este género en la localidad.

Al final volvimos cada uno a nuestra inédita soledad, en nuestros oficios cotidianos, simplemente a la espera de que el Festival comience y ser sencillamente uno más de los espectadores.


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