Otras alternativas: por instrumentos o por sellos

 

 

Por supuesto la fórmula para hacer una colección de discos de jazz un tanto documentada no se agota con autores. Ello le podría restar gracia y emoción y lo que dijimos, de lo que trata una colección es de una aventura inacabable y especialmente de una representación ¿de qué? Por supuesto que de nuestro propio gusto y un gusto en jazz que se irá refinando con los años y sobretodo con las horas y horas de escucha, para lo cual será imprescindible contar con buenos soportes (por tanto el MP3 no cuenta).

 

Siempre serán bienvenidos (y obligados) Ella Fitzgerald y Billy Holiday, tanto como Ellington yArmstrong, así como urgentes e inagotablesCharlie ParkerCharles Mingus, el enigmáticoSun Ra, el simpático Oscar Peterson, el inquietante Bill Evans o el nervioso Thelonious Monk.

 

Sin embargo, aquello que más y mejor satisfacción me ha dado como coleccionista en ciernes, es entrar en este bosque por temas. En mi caso, por el tema de un instrumento en particular (diré mejor, de una sonoridad dual en dos formatos): el bajo eléctrico y el contrabajo. Hallar grabaciones en las que participóScott LaFaro o preguntarse quién habría sido bajista de antes de Pastorius en los álbumes deWeather Report, son minucias que sólo alegran el corazón de un aficionado a los discos de jazz.

 

¿Otra ruta posible? Si. La del sello disquero. Recomendaré menos (sin descartarlos) libros con títulos como 1001 un discos que escuchar… y daré puntos a favor por los catálogos conmemorativos de diferentes casas disqueras que se depuraron tanto sus técnicas de grabación como sus carátulas y conceptos, al punto de que se convirtieron en íconos absolutos de la música de jazz de nuestro tiempo. Son bellas ediciones y en casas como la alemana ECM se puede ir ‘a ojo cerrado’ aún sin conocer a los autores y sólo guiándose por la belleza y la sobriedad de sus carátulas.

 

Una colección de discos de jazz debe ser un reflejo de si mismo, una representación simbólica de un gusto preciso por una música específica que involucra polivalencias y multisentidos. Es una aventura y por breve o generosa que sea, siempre habrá que considerar que nunca será posible terminarla y que no debe ser objeto de la infamia y en cambio sí, de la alegría, el solaz, la reinvención y el asombro. La guía máxima será la propia intuición y el gusto personal.

 

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