¿Por qué nos gusta tanto el jazz? (razones preliminares) 

 

Más allá de su carácter universal, el jazz ha dejado de ser simplemente una música (acaso un género) para ser una postura, una apuesta y un estado espiritual y en muchas ocasiones, un versículo poético y una actividad política.

Durante sus primeros pasos, cuando estaba consolidándose como lenguaje, el  jazz fue banda sonora de muchas películas y del modo como se extendía el incipiente celuloide (muchos lo saben) era con el acompañamiento de un pianista versátil como transcurrieron los primeros años de la novedosa disciplina estética en la oscuridad de las salas: un improvisador que si bien no siempre fue un jazzista, poseía normalmente las virtudes y las condiciones propias del género, ajustado a reglas del ragtime o del stride y por tanto, lleno de grandes virtudes no sólo estilísticas sino también de agilidad y rapidez.

En breve el jazz se volvió una banda sonora de la vida. A Louis Armstrong le señalaron muchas veces de ‘tiotomismo’; esto es, la acusación de ser un artista al servicio del mainstream de la industria del cine y aparentemente sin vocación para ser una voz comprometida que representase bien a la comunidad negra.

Pero no hubo tal; Armstrong le estaba abriendo paso no sólo a los músicos que venían detrás suyo, sino en general a buena parte de la comunidad negra. No olvidaremos que antes de esto, la primera cinta ‘parlante’ fue The Jazz Singer: como sea, una vez más esta música y su gente como protagonistas de un gran cambio.

Entre Ellington, Mingus, Coltrane y especialmente Coleman, se fue fraguando una actividad política, una actitud beligerante y un inquietante ‘burladero’ desde el cual lanzar diatribas y libelos sonoros. El jazz al servicio de una causa que indudablemente fue (y sigue siendo) de tono contradictor.

El jazz es alucinante. Un ser de otra galaxia le puso un tono fascinante y abstracto a esta música que aunque pocas veces ha sido circunspecta, necesitaba refrescarse con una pincelada psicodélica, a la vez inteligente y por demás discursiva: ése fue el gran Sun Ra, prolífico y ecléctico, excéntrico y osado, maravilloso artista que solía llevar su Arkestra hasta las altas azoteas de los edificios desde los cuales emanaba señales sonoras para re-encontrar a los de su raza en el espacio exterior.

El carácter más sobresaliente del jazz, es aquel que nos pone en la perspectiva de la aventura: su condición de ser una música por excelencia improvisada; justo aquello que mejor la define. Los músicos que con frecuenciaacompañaban al saxofonista John Coltrane en sesiones de largo aliento (como las del club Village Vanguard) no sabían nunca hacia dónde les iba a conducir esteiluminado del saxofón, pues nunca tenían un ‘playlist’ previamente preparado, un  libreto para seguir, un ensayoprevio o una partitura. Cada noche era igual comolanzarse a un abismo.

Sesiones como las del mencionado Village Vanguard son auténticos tesoros de la libre improvisación y sobre todo de la creación ‘in situ’, baluartes de la verdadera esenciadel jazz moderno.

El jazz es divertido. Muchas veces logra dibujarnos unasonrisa, gracias a los malabares de sus músicos, no por un alarde gimnástico, sino por su gracia y por la urgencia de contar asuntos de lo cotidiano y de lo que pasa en sus vidas. Cuando hacen citas de temas conocidos ( o de tonadas de sacadas de los dibujos animados), los músicos de jazz nos sacan de la realidad siempre áspera y muchas veces cruel.

El jazz contiene una secreta pero galopante poesía, siempre discreta y sutil como debe ser… a la usanza de los grandes bardos. Jarret y Braxton suelen tomarselicencias poéticas cuando agregan apostillas al acorde. Cecil Taylor es un poeta del jazz y Amiri Baraka es un jazzista metido de poeta.

Cada vez que ‘tocamos’ un disco de jazz en la soledad de nuestros aposentos (íntima y bella actividad casi secreta) la habitación se ilumina, el mundo se hace bello por un candil que por primera vez se adentra en lacaverna, para desvelarnos, para meternos en asombro, para transportarnos a otras geografías, a parajes puros de inspiración sin prejuicios.

Ello nos re-inventa para siempre.

 

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